La historia que ya había empezado

por La Peregryna

Escribo desde otra ciudad. Esto no tendría relevancia alguna si no fuera porque, en lo que yo llamo nuestra “épica personal”, contamos los sucesos de nuestra vida como si éstos fueran, de verdad, relevantes para alguien. No sé, quizá lo son.

En el entramado de las causas y los efectos (lo que el budismo llamaría Karma, que es, sin más el resultado de tus acciones) habrá cosas que no sabremos que hemos generado.  Pero si usted es uno de los tres lectores que ha seguido el viaje de estas letras, pues ya estará enterado de que volví a cambiar de residencia, y esta vez escribo desde otra ciudad. Y eso, para mí, es importante.

[El por qué, es una historia que no cabe aquí]

En fin. Escribo no porque tenga una nueva vida. Escribo porque siempre he querido compartir. Y porque tengo dudas -eso mis compañeros de la maestría lo avalan- y porque, sin más, extrañaba escribir. Tener un blog es una manera de seleccionar la realidad…iba a  decir que de ir fijándola, pero, sin más, también de olvidarla. Al hacer una selección, también vamos olvidando. Lo que nos hace humanos es la eterna tensión entre memoria y olvido. Y aquí estoy.

WordPress sugería que dijera de qué va el blog. Bueno, pues va de escribir sobre la peregrina que soy y las peregrinas ideas que tengo al ir topándome con cosas nuevas, o al ver las cosas viejas con nuevas interpretaciones. Y ya. El ejercicio -siempre he visto la escritura como un ensayo- es el camino, y pues veré a dónde me lleva esta vez.

***

El siguiente  texto lo recurdo mucho y tiene que ver, precisamente, sobre aquellas historias que no sabemos que ya hemos generado. Habría que tomarlo, no sé, como una declaración de principios. La vida está llena de asombros.

[Y, hasta de ellos, de alguna manera, somos responsables]

Empezar. Eres tú la que lo ha dicho, Lectora. Pero ¿cómo fijar el momento exacto en que empieza una historia? Todo ha empezado siempre ya antes, la primera línea de la primera página de toda novela remite a algo que ha sucedido ya fuera del libro. O bien la verdadera historia es la que empieza diez o cien páginas más adelante y todo lo que precede es sólo un prólogo. Las vidas de los individuos de la especie humana forman una maraña continua, en la cual todo intento de aislar un trozo de lo vivido que tenga sentido por separado del resto -por ejemplo, el encuentro de dos personas que resultará decisivo para ambas- debe tener en cuenta que cada una de las dos lleva consigo un tejido de hechos, ambientes, otras personas, y que del encuentro se derivarán a su vez otras historias que se separarán de su historia común.

Calvino, Ítalo (2003) Si una noche de invierno un viajero, Siruela, p. 165.

 

Un abrazo, desde esta historia que, de alguna manera, ya había comenzado.

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