Reconstrucción

por La Peregryna

Dirección: Christoffer Boe

Año: 2003

País: Dinamarca

 

Lo primero que escribí en alguna libreta que tenía a la mano fue esto: “Todo es ficción, una reconstrucción, pero aun así duele” .
Recordaré la voz en Off diciendo que todo es una ficción, mientras un hombre juega a mover un cigarro en el aire, sin tocarlo, como un pequeño acto de magia. Las reglas del juego están dadas: la película irá de eso, de la reconstrucción de una historia, una especie de Rayuela que se juega entre el fotógrafo Alex, Aime y Simón… La alegoría de que, con una desición, puede afectar el presente de quién la toma, pero también el pasado. Hechar la moneda al aire y decidir arriesgar todo por el amor- quizá El Amor- y cambiar, con ello, el mundo -por lo menos el propio mundo-.
De eso va Reconstrucción. De los caminos que se bifurcan, de las decisiones que hay que tomar al tiempo, de la posibilidad de decir adiós tantas veces como volvamos al mismo punto, de las oportunidades que nunca volvieron, aunque estemos dentro de el remolino de un tiempo circular.
Una Reconstrucción que, también, es metáfora de la memoria: y así me recuerda a Memento, de Nolan, donde el pasado puede volver a significarse y con ello, a construirse. El pasado y el presente, si se olvida. Pero, sobre todo, sobre la memoria: aquella abstracción de la que nos fiamos los seres humanos para saber que hemos vivido pero que es tan frágil que debe valerse de artificios. Y entonces, sólo entonces, comprendemos que no sabremos a ciencia cierta que tanto de nuestra vida recordada es ‘ficción’… esa ficción que, por experiencia propia, sí, ha dolido.

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Ficción, y, aún así, duele.

 

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