Los Jugadores (I)

por La Peregryna

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Hay una constante, y es este enamoramiento crónico con y por las palabras. Como todo enamoramiento hay un dejo de placer inabarcable, como todo enamoramiento hay una pérdida de dimensión. Pero el lenguaje nunca ha tenido una dimensión y es precisamente por eso, porque lo que lanza el otro como una palabra uno lo recibe como una flor que se abre y escoge de ella el color y el significado, es por eso que jamás podremos nunca –sí, jamás podremos nunca, carajo- comunicarnos.

Nunca eso que lanzaste es lo que lanzaste; lo que lanzaste es en la medida en que lo recibo. Y al momento de recibirlo, se convierte en otra cosa. Toda la realidad nos separa y esa es la gran tragedia y la gran creación: nada es lo que es y siempre construiremos en el aire, sin mayor directriz que nuestro deseo.

Pero eso jamás será un reproche. Es, más bien, condición. Toda nuestra realidad podría transformarse con nuestros deseo o desde nuestro deseo…

Pero eso no podría explicártelo. Podría componer un texto –si pudiera- para tratar de transmitirte lo que quiero decir.

Pero quién sabe tú qué entenderías.

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