La Peregryna

[Idea]

Mes: junio, 2014

FE

Ansel Adams

Fe es cuando alguien ve una hoja

en el agua o gotas de rocío

y sabe que son porque son necesarias.

Aunque se cierren los ojos, se sueñe,

en el mundo habrá sólo lo que había,

y las aguas del río seguirán llevando la hoja.

 

Fe es también cuando te hieres

la pierna con una piedra y sabes

que las piedras son para herir las piernas.

Mirad cómo el árbol tiene una larga sombra,

y nuestra sombra y la de los árboles cae en la tierra.

Lo que no tiene sombra no tiene fuerza para vivir.

 

De <<Salvación>> Czestaw Mitosz

Anuncios

vlcsnap-2011-11-30-20h14m46s34

Anais, I don’t know how much I dare write you. I would call you, only I’m afraid Hugo would answer. God forgive if this letter’s ever opened by mistake. I can’t help it. I want you. I love you. I’ve been living with you constantly. But I’ve been afraid to tell you. I thought it would terrify you.

But today as I watched Dreyer’s Passion of Joan of Arc…I saw the mad monk played by Antonin Artaud. I thought of you like Joan…in all your youth and purity and single-minded madness.

And I saw myself in Artaud. A hungering monk in love with you and with my madness…and your madness.

And the demon in Artaud’s eyes was like the demon in your eyes.

 

41. 

El corazón se para ciertas veces, 
como un deforme animal triste
que ha adivinado la sonrisa
o como el aire nocturno
en el vidrio callado de una puerta
abrumadoramente vertical.

Y aquí o allí parado
el corazón comprende sus maneras, 
su error de pez lejos del mar,
su tristeza de carne equivocada, 
y entretanto, 
la lividez anónima del mundo.

El corazón conoce entonces
su desierta pasión cuadriculada
y se va a rayar vidrios con latidos, 
a borrar frases en la arena
y a hacer figuras en la muerte.

 

Roberto Juarroz

Fragmentos

 

 

Image Leer el resto de esta entrada »

 

Guardo tus manos

Robert Doisneau

 

Guardo tus manos, que iban poniendo

musgo en mis roquedales

desnudos y no guardo

los brotes perecederos.

Guardo tus ojos, en los que iba viendo

pasar el barco de la dicha y no guardo

los arreboles del ocaso, que teñían

de sangre y oro nuestro amor.

Guardo tu dolor y no guardo

los golpes y las ramas cortadas.

Porque sólo es cierto lo que permanece.

Porque somos lo que hemos sido.

Porque el tiempo no existe:

Lo que existe es la historia.

 

Rafael Guillén