por La Peregryna

41. 

El corazón se para ciertas veces, 
como un deforme animal triste
que ha adivinado la sonrisa
o como el aire nocturno
en el vidrio callado de una puerta
abrumadoramente vertical.

Y aquí o allí parado
el corazón comprende sus maneras, 
su error de pez lejos del mar,
su tristeza de carne equivocada, 
y entretanto, 
la lividez anónima del mundo.

El corazón conoce entonces
su desierta pasión cuadriculada
y se va a rayar vidrios con latidos, 
a borrar frases en la arena
y a hacer figuras en la muerte.

 

Roberto Juarroz

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