La Peregryna

[Idea]

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Anais, I don’t know how much I dare write you. I would call you, only I’m afraid Hugo would answer. God forgive if this letter’s ever opened by mistake. I can’t help it. I want you. I love you. I’ve been living with you constantly. But I’ve been afraid to tell you. I thought it would terrify you.

But today as I watched Dreyer’s Passion of Joan of Arc…I saw the mad monk played by Antonin Artaud. I thought of you like Joan…in all your youth and purity and single-minded madness.

And I saw myself in Artaud. A hungering monk in love with you and with my madness…and your madness.

And the demon in Artaud’s eyes was like the demon in your eyes.

 

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41. 

El corazón se para ciertas veces, 
como un deforme animal triste
que ha adivinado la sonrisa
o como el aire nocturno
en el vidrio callado de una puerta
abrumadoramente vertical.

Y aquí o allí parado
el corazón comprende sus maneras, 
su error de pez lejos del mar,
su tristeza de carne equivocada, 
y entretanto, 
la lividez anónima del mundo.

El corazón conoce entonces
su desierta pasión cuadriculada
y se va a rayar vidrios con latidos, 
a borrar frases en la arena
y a hacer figuras en la muerte.

 

Roberto Juarroz

Fragmentos

 

 

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Guardo tus manos

Robert Doisneau

 

Guardo tus manos, que iban poniendo

musgo en mis roquedales

desnudos y no guardo

los brotes perecederos.

Guardo tus ojos, en los que iba viendo

pasar el barco de la dicha y no guardo

los arreboles del ocaso, que teñían

de sangre y oro nuestro amor.

Guardo tu dolor y no guardo

los golpes y las ramas cortadas.

Porque sólo es cierto lo que permanece.

Porque somos lo que hemos sido.

Porque el tiempo no existe:

Lo que existe es la historia.

 

Rafael Guillén

 

Amnistía

 

ImageFue un día después de saber los resultados de las elecciones. Alejandro nos explicaba con datos precisos que en el 405 a.c. Hubo en Atenas un golpe de estado que derramó mucha sangre. Eso no nos sorprendió porque siempre ha habido golpes de estado y siempre se ha derramado mucha sangre (de hecho, con golpes de estado o no). La cuestión es que en el 403 a.c. se firmó en Atenas una amnistía bajo la consigna de “La política del perdón”. El decreto se promulgó para aquellos que habían participado en la rebelión donde hubo derramamiento de sangre y muerte. La disputa dejó a la ciudad en medio de una lucha interminable y desgarradora, y los ateniences entendieron que sólo si se perdonaba a aquellos que habían participado podrían aspirar a encontrar de nuevo prosperidad para Atenas. Se proclamó el decreto, y no se permitió que en la memoria colectiva quedara grabado ni el conflicto, ni el asesinato, ni el resentimiento. Se fue configurando una nueva memoria, con muros blancos en donde quedaba alguna huella en donde, poco a poco, se iban borrando con cal los nombres de los muertos.

Alejandro contó la historia de manera extraordinaria. Yo aquí reproduzco fragmentos de lo que fue una narración amena, con la propia conciencia de que mi memoria ha fallado.  Hoy he vuelto a recordar esa historia porque me he encontrado la referencia a esa Amnistía en un libro.

Todo nuevo soporte cambia la manera en que se generan sus textos. Eso implica que el texto cambia, también, de forma. La voz que se pierde de Alejandro, la lectura volátil de un artículo en un libro, es todo lo que queda de las voces de algunos griegos en el 405 a. c. que decidieron concientemente borrar lo que había pasado de la memoria de cada uno, no transmitirlo de generación en generación, guardar silencio, para poder seguir.

Pero ahora no estoy segura de que esa haya sido la historia que Alejandro contó aquella vez, entre cerveza y cerveza, en un bar de Copilco. En todo caso, ante el luto general y un día nublado de julio, quizá fue la historia que quise escuchar.

¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?

Quizá lo único que nos quede sea la impresión de que, ante todo, no nos traicionamos. Habremos fracasado, habremos perdido, nos habremos equivocado una y otras veces; nos habremos hecho daño como los combatientes que somos…

Pero no nos traicionamos.

 

Los Jugadores (I)

Imagen

 

Hay una constante, y es este enamoramiento crónico con y por las palabras. Como todo enamoramiento hay un dejo de placer inabarcable, como todo enamoramiento hay una pérdida de dimensión. Pero el lenguaje nunca ha tenido una dimensión y es precisamente por eso, porque lo que lanza el otro como una palabra uno lo recibe como una flor que se abre y escoge de ella el color y el significado, es por eso que jamás podremos nunca –sí, jamás podremos nunca, carajo- comunicarnos.

Nunca eso que lanzaste es lo que lanzaste; lo que lanzaste es en la medida en que lo recibo. Y al momento de recibirlo, se convierte en otra cosa. Toda la realidad nos separa y esa es la gran tragedia y la gran creación: nada es lo que es y siempre construiremos en el aire, sin mayor directriz que nuestro deseo.

Pero eso jamás será un reproche. Es, más bien, condición. Toda nuestra realidad podría transformarse con nuestros deseo o desde nuestro deseo…

Pero eso no podría explicártelo. Podría componer un texto –si pudiera- para tratar de transmitirte lo que quiero decir.

Pero quién sabe tú qué entenderías.

A la luna se le ve el ombligo

Tal vez son las brujas, tal vez el destino, yo siempre me pierdo en el mismo camino.

Reconstrucción

Dirección: Christoffer Boe

Año: 2003

País: Dinamarca

 

Lo primero que escribí en alguna libreta que tenía a la mano fue esto: “Todo es ficción, una reconstrucción, pero aun así duele” .
Recordaré la voz en Off diciendo que todo es una ficción, mientras un hombre juega a mover un cigarro en el aire, sin tocarlo, como un pequeño acto de magia. Las reglas del juego están dadas: la película irá de eso, de la reconstrucción de una historia, una especie de Rayuela que se juega entre el fotógrafo Alex, Aime y Simón… La alegoría de que, con una desición, puede afectar el presente de quién la toma, pero también el pasado. Hechar la moneda al aire y decidir arriesgar todo por el amor- quizá El Amor- y cambiar, con ello, el mundo -por lo menos el propio mundo-.
De eso va Reconstrucción. De los caminos que se bifurcan, de las decisiones que hay que tomar al tiempo, de la posibilidad de decir adiós tantas veces como volvamos al mismo punto, de las oportunidades que nunca volvieron, aunque estemos dentro de el remolino de un tiempo circular.
Una Reconstrucción que, también, es metáfora de la memoria: y así me recuerda a Memento, de Nolan, donde el pasado puede volver a significarse y con ello, a construirse. El pasado y el presente, si se olvida. Pero, sobre todo, sobre la memoria: aquella abstracción de la que nos fiamos los seres humanos para saber que hemos vivido pero que es tan frágil que debe valerse de artificios. Y entonces, sólo entonces, comprendemos que no sabremos a ciencia cierta que tanto de nuestra vida recordada es ‘ficción’… esa ficción que, por experiencia propia, sí, ha dolido.

***
Ficción, y, aún así, duele.

 

La historia que ya había empezado

Escribo desde otra ciudad. Esto no tendría relevancia alguna si no fuera porque, en lo que yo llamo nuestra “épica personal”, contamos los sucesos de nuestra vida como si éstos fueran, de verdad, relevantes para alguien. No sé, quizá lo son.

En el entramado de las causas y los efectos (lo que el budismo llamaría Karma, que es, sin más el resultado de tus acciones) habrá cosas que no sabremos que hemos generado.  Pero si usted es uno de los tres lectores que ha seguido el viaje de estas letras, pues ya estará enterado de que volví a cambiar de residencia, y esta vez escribo desde otra ciudad. Y eso, para mí, es importante.

[El por qué, es una historia que no cabe aquí]

En fin. Escribo no porque tenga una nueva vida. Escribo porque siempre he querido compartir. Y porque tengo dudas -eso mis compañeros de la maestría lo avalan- y porque, sin más, extrañaba escribir. Tener un blog es una manera de seleccionar la realidad…iba a  decir que de ir fijándola, pero, sin más, también de olvidarla. Al hacer una selección, también vamos olvidando. Lo que nos hace humanos es la eterna tensión entre memoria y olvido. Y aquí estoy.

WordPress sugería que dijera de qué va el blog. Bueno, pues va de escribir sobre la peregrina que soy y las peregrinas ideas que tengo al ir topándome con cosas nuevas, o al ver las cosas viejas con nuevas interpretaciones. Y ya. El ejercicio -siempre he visto la escritura como un ensayo- es el camino, y pues veré a dónde me lleva esta vez.

***

El siguiente  texto lo recurdo mucho y tiene que ver, precisamente, sobre aquellas historias que no sabemos que ya hemos generado. Habría que tomarlo, no sé, como una declaración de principios. La vida está llena de asombros.

[Y, hasta de ellos, de alguna manera, somos responsables]

Empezar. Eres tú la que lo ha dicho, Lectora. Pero ¿cómo fijar el momento exacto en que empieza una historia? Todo ha empezado siempre ya antes, la primera línea de la primera página de toda novela remite a algo que ha sucedido ya fuera del libro. O bien la verdadera historia es la que empieza diez o cien páginas más adelante y todo lo que precede es sólo un prólogo. Las vidas de los individuos de la especie humana forman una maraña continua, en la cual todo intento de aislar un trozo de lo vivido que tenga sentido por separado del resto -por ejemplo, el encuentro de dos personas que resultará decisivo para ambas- debe tener en cuenta que cada una de las dos lleva consigo un tejido de hechos, ambientes, otras personas, y que del encuentro se derivarán a su vez otras historias que se separarán de su historia común.

Calvino, Ítalo (2003) Si una noche de invierno un viajero, Siruela, p. 165.

 

Un abrazo, desde esta historia que, de alguna manera, ya había comenzado.